Especiales
Los habitantes de Salamina tienen algunas tradiciones orales que vienen desde la antigüedad. Estas Historias son características porque evidencian la pertenencia a su lugar de origen; además, rescatan los principios fundamentales sobre los cuales sus predecesores concibieron y construyeron la sociedad, con el objetivo de evitar su fragmentación.
Frente a realidades como el consumismo, el racismo y la diferencia de género, muchas personas han salido afectadas con la pérdida de su identidad debilitando la interacción del grupo familiar, laboral y estudiantil en la comunidad donde hacen su vida cotidiana. Estas tradiciones también nacieron por la pérdida estructural de narraciones verídicas o imaginarias de una población. Por esto muchas regiones buscan rescatar sus historias y todas aquellas creaciones culturales que aun están en pie.
Según el escritor Antonio Mejía Gutiérrez, en lo alto de una montaña vivían una mujer llamada María la Parda y su esposo Juan Bermúdez, quienes a pesar de poseer una gran riqueza, que se extendía por los municipios de Salamina y Marulanda, vendieron su alma al diablo en una noche negra para obtener más riquezas y poder.
Fue entonces cuando el Diablo le entregó un baúl de plata lleno de monedas de oro que nunca se vaciaba del todo. María la Parda sacaba y sacaba monedas, pero el cofre nunca se veía vacío. Además, al tener estas dos almas el Diablo decidió entregar dos legiones de demonios para que ellos no tuvieran que pagar trabajadores.
Los demonios se encargaban de arriar el ganado, manejar las máquinas, cultivar la papa y el maíz, sacar la madera de los bosques, ordeñar las vacas y encerrar los terneros. Las legiones de demonios al servicio de María la Parda y Juan Bermúdez hacian todos los oficios. Así fue comoMaría la Parda y Juan Bermúdez fueron los más ricos de las montañas de los Andes.
Pero la sed de riquezas no se apagaba nunca. María la Parda y Juan Bermúdez querían tener más tierras, más ganados, más cultivos, más bestias, más bosques y, sobre todo, más dinero. Mandaron entonces a los demonios para que espantaran a los campesinos pobres, asaltaran a los arrieros y robaran a los viudos.
Esto no lo soportaba ni el mismo Diablo y por eso en una noche de tormenta, negra como el alma de los avaros, el Diablo vino por ellos; se los llevó en cuerpo y alma para los infiernos, donde ahora se encuentran.
En las tardes de lluvia y en la noches de luna, los campesinos de la región se reúnen para conversar y a veces se preguntan en dónde quedaría el baúl de plata lleno de monedas de oro que el Diablo le regaló a María la Parda.
Otra de las tradiciones orales de esta región es el pasillo “La Nigua”, escrito por Bernardo Gutiérrez.
Chiquita, chirriquitica,
Oriunda de Salamina
Cuna de grandes poetas
Y capital de las niguas.
Colonizando los dedos,
Llorosos de cirguelillas,
La encontró el jabón de tierra
Al taponar sus rendijas.
En el alma de las uñas
Suelen guardar sus valijas
Mientras en las jarreteras
Los huevos se multiplican.
No se ve la condenada,
Se siente, sí cuando pica
Y hay una que es culiblanca
Y otra culirrojita.
Patojos y casterrallas
Al cielo claman justicia,
Llorando lágrimas verdes
Que es el llanto de las niguas.
A su tarea destructora
No hay uña que se resista,
Ni dedo que no vuelva trizas.
La nigua es casi un microbio,
Chiquitica, chirriquitica
Pero que rasca y que rasca,
Que pica, pica y repica.
La nigua es casi un microbio,
Chiquitica, chirriquitica,
Y que cosa tan verraca
Si pica la hijueputica.
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