Desde la fundación de Santa Fe de Antioquia, de la mano del mariscal Jorge Robledo, sus descendientes han conservado su legado reuniéndose todos los años con el compromiso de incluir a los nuevos familiares en el árbol genealógico familiar.
Con algo de nostalgia, Teresa Velázquez Robledo recuerda las reuniones con sus familiares en Santa Fe de Antioquia, a donde llegan familiares que viajas desde diferentes ciudades para cumplir la cita y recordar a su tatarabuelo y fundador del municipio, el mariscal Jorge Robledo.
“La primera vez que yo supe del mariscal Robledo fue cuando mi mamá me contó su historia y cómo nació la relación con mi tatarabuela, María Velázquez de Robledo. Según mi mamá, ellos se conocieron en una de las expediciones hechas por los españoles al Viejo Caldas. Allí, el mariscal quedó completamente enamorado de ella, casi que a primera vista y decidió quedarse y fundar Santa Fe de Antioquia”, recuerda Teresa.
Cuando tenía que viajar a España, Robledo le escribía cartas a su enamorada, que han sido conservadas como un tesoro por sus sus descendientes. Como buena familia paisa, el Mariscal y su esposa tuvieron ocho hijos de los cuales cuatro se dedican a la vida militar, mientras que los otros lo hacen a la siembra del café.
Como si se hubiesen puesto de acuerdo con sus antecesores, los Robledo se dedicaron al cultivo del café, pero no se establecieron de lleno en Santa Fe de Antioquia sino que se repartieron por todo el Viejo Caldas. “Mis familiares se trasladaron a Armenia, y otros viajaron a Medellín y a Manizales, pero, a pesar de las distancias, tratamos de mantenernos juntos siempre, reuniéndonos seguido”, asegura Velázquez.
Durante las reuniones, los Robledo traen fotos que conservan de sus familiares. “Tenemos de todo, de mis abuelos en la finca, de mis padres, de mis tíos, en fin, eso nos ayuda a mantener la familia siempre unida y a no olvidar el pasado”, agrega.
El compromiso de los Robledo es que cada hijo, sobrino, nieto, primo o nuevo miembro de la familia debe ser agregado al árbol genealógico para que no se pierda la tradición que años atrás impuso el Mariscal.












