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Las historias y mitos de los santafereños

 

Las tradiciones orales de Santa Fe de Antioquia nacen desde la gastronomía, los apodos, los agüeros, las creencias en las ánimas malditas, entre otras.

Las historias y mitos de los santafereños

Los santafereños aparte de ser característicos por su buen comer, tienen unas tradiciones orales y culturales que vienen desde la antigüedad. El Gritón es uno de los personajes míticos más populares y reconocidos de la región.

“Comín comamos, hijo del buen comilón, cuando se pone a comer come sin comparación”. Con esta exageración paisa solían describir los ancestros a esos hombres y mujeres que, fuera de lo común, comen con ansiedad como llenando un costal.

Los oriundos de Santa Fe de Antioquia se han caracterizado por darle mucho gusto a su paladar y una de sus tradiciones más antiguas contada por los abuelos dice que cuando se está con la saliva amarga, es decir en ayunas, somos vulnerables a los bichos mañaneros y las culebras calentanas. Es por esto que al levantarse en la mañana, antes de que el crestón cante, o sea antes de la molienda del maíz de las arepas y telas para el desayuno, los habitantes de Santa Fe de Antioquia toman una abundante y espumosa taza de chocolate acompañada generalmente de quesito migao que denominan tragos y que son para cerrar el cuerpo y evitar que estos bichos entren.

Después de esto tienen la costumbre de desayunar una gigantesca tela del porte de la cayana, una tajada grande de quesito, una porción de hogao con hígado cilantrudo, un plato de frijoles trasnochados. Pero como el trabajo produce tanta hambre y si está desocupado éste es peor, a eso de las nueve viene la mediamañana que puede ser un jugo de tamarindo, de guandolo o un chorriao de naranja agria emparejado con cualquier cosita de parva dulce, decía Félix Antonio Padilla, escritor del libro de tradiciones orales de Santa Fe de Antioquia.

Nada más con el desayuno ya se puede una llevar una idea de qué tanto comen los santafereños. Como decían jocosamente los abuelos de esta región: "comemos más que la llaga de merejo, que no se le escapó ni la pata de palo del viejo".

Parte de la evolución cultural es la construcción de motes o apodos que, con el correr del tiempo, los habitantes han utilizado para hacer una caracterización de algún personaje específico. De estas personas generalmente desaparecen los nombres por la fuerza del sobrenombre, que por la malicia con que es concebido, pasa a ocupar un lugar importante en sus vidas.

La mayoría de los sobrenombres que involucran a varias generaciones tienen origen en plantas, animales, defectos físicos o situaciones importantes de la vida del "paciente". Algunos de los personajes más característicos que recibieron estos motes fueron: Martín Emilio Rodríguez a quien le llamaban “aguacate” o a Jenny Barón a quien la nombraban como “aquilotengo”, etc.

No solo por sus costumbres gastronómicas y por sus apodos son conocidos los santafereños, ellos como en cualquier otra región tienen sus mitos y leyendas que aun en la actualidad siguen siendo historias que los abuelos narran a sus nietos. Dentro de estas historias está la del Gritón que dice que en las partidas de Nurquí escuchan los pobladores los gritos del arriero que al morir, según dicen ellos, no logró entrar ni al cielo ni al purgatorio debido al tratamiento inhumano que le dio a sus mulas en vida, quedando errante por siempre. Cuenta la tradición que dicho arriero le dio tanto palo y le dijo tantos improperios a una mula cansada y enferma, que esta le habló en el lenguaje de los humanos, diciéndole: "cuando mueras tu espíritu no descansará por los siglos de los siglos". Asustado, el arriero le contó el incidente a sus colegas pero ninguno le creyó por lo que lo tildaron de loco. El arriero murió al poco tiempo y estando en el velorio los vecinos vieron que el ataúd se movió, saliendo de él la figura  del difunto. Ese día la gente tomó en serio la historia del arriero con la mula, la cual se ha perpetuado de generación en generación con el nombre del gritón. Dicen algunos que en las noches se le oye gritar por los caminos de herradura, en las cimas de las colinas, en el silencio de las noches en calma, arreando una recua de mulas.

Los viejos de Santa Fe de Antioquia aseguran que durante el mes de las ánimas se hace sentir con más intensidad y que los lugares preferidos por el espanto son los de San Pedro Claver, La Sabanita, Los Pozos y La Calle del Gallinazo cerca del cementerio.

Espantos como el Ánima Sola, el Padre sin Cabeza, el Mohán, la Madre Monte, ocuparon en Santa Fe de Antioquia, sobre todo en los años cuarenta y cincuenta, un espacio de credibilidad con mayor relevancia.

La Barbacoa fue otro de los espantos que atemorizó a más de uno en Santa Fe de Antioquia. Son muchos los campesinos que dicen haberse encontrado en altas horas de la noche con una abominable barbacoa acompañada de susurros de voces, dicen que algunos campesinos vieron a un grupo de cuatro hombres con rostros que resplandecían con luz verdosa y llevaban en hombros a un difunto dentro de un cajón chirriador.

Así como los espantos son creencias que se han generado en las tradiciones santafereñas, y que han sido transmitidas de generación en generación, también existen agüeros como el de la mariposa negra, que anuncia la muerte de los ancianos. Los habitantes creen que la amenaza de muerte que viene con ella se acaba si la matan. Así mismo creen que cuando los animales domésticos cambian su “estribillo de cantos” están anunciando muerte, desastre naturales o espíritus que rondan.

Igualmente en esta región se realizan compromisos post mortem que, por lo general, son un convenio bilateral, especialmente entre parejas que se aman. “Si tu morís primero, antes de los nueve días venís por mí o yo por vos si muero primero”. Los habitantes dicen que “este convenio no tiene pierde, antes de los nueve días ó máximo el día nueve, el vivo frunce”.

En cuanto a las brujas, en Santa Fe de Antioquia se sigue creyendo que estos seres aun existen, que molestan a las personas para perturbarles el sueño moviendo cajas de cartón o martillando, riendo y cuchicheando, y que han llegado incluso a orinárseles encima.

Según la creencia, la bruja se convierte en murciélago y si es atrapada y recibe la luz del día, da un grito espantoso y se convierte en chulo o en una bola de candela hasta que se quema y desaparece en el firmamento para nunca volver.

 

 



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