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Fiestas Patronales
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Las fiestas patronales desde el punto de vista histórico
Basílica San Juan

Basílica Menor San Juan Bautista: Elevada a la categoría de Basílica Menor el 26 de julio de 1998, es una fiel réplica de La Santa María Mayor de Roma, en el nicho central del altar mayor se encuentra el crucifijo del Señor de los Milagros.

La historiadora Alba Irene Sáchica, líder del proyecto Bicentenario del Instituto de humanidades de la Universidad de la Sabana nos ilustra con respecto a la procedencia de las fiestas patronales que se viven en nuestros pueblos.

 

¿Cuál es el origen de las fiestas patronales?


En principio son tomadas de la influencia hispana y la vinculación de los principios  religioso a las actividades culturales, económicas o fenómenos físicos de las regiones; en tal sentido  en el territorio colombiano, siempre se busca encomendar dichas actividades a un santo que desempeña la labor de protector o benefactor por ejemplo para la siembra o la cosecha; o frente a fenómenos climáticos; o catástrofes naturales.

 

¿Por qué hay santos que tienen en varios lugares devoción?

 

Responde esto a dos aspectos, el primero en su mayoría la devoción es de origen colonia, y en segundo término la división administrativa colonial abarcaba un vasto territorio; a posteriori con la formación de la Republica la división geopolítica por Departamentos, Intendencias y Comisarias en su momento, dividió antiguos territorios coloniales; estos en ese nuevo ordenamiento preservaron su tradición cultural y desde luego la devoción a su Santo Patrón.

 

¿Qué rituales fuera de la devoción se han implementado?

 

Los rituales parten de la devoción, están expresados en romerías, procesiones, peregrinaciones, altares, tributos y ofrendas y se trasforman en verdaderas fiestas populares como anota Javier Ocampo López cuando dice:” Estas fiestas responden a una necesidad profunda de los pueblos por expresar la devoción religiosa y la alegría de las gentes con su sentimiento de acercamiento al mundo espiritual. Una actitud de unión al Ser Supremo, a los santos y a los hechos religiosos de permanente vigencia y que se recuerdan en días especiales que se convierten en fiestas y romerías”[1].

 

¿Hay mezclas con las fiestas de origen indígena?

 

Sí, una manera de evangelización fue la de mezclar ritos indígenas con prácticas religiosas, de tal forma que las ofrendas que se hacían a los Ídolos ahora se ofrecen a Dios, es el caso por ejemplo la fiesta a San Isidro Labrador o la fiesta del Corpus Christi.

 

¿Históricamente cómo se fueron sumando actividades paganas a estas fiestas?

 

Al respecto cito lo publicado por  el antropólogo Héctor Llanos Vargas tituló “En el nombre  del padre, del hijo y el Espíritu Santo”; (publicada por él mismo en Bogotá durante el año 2007)

 

El siguiente fragmento de su obra, nos introduce a la temática del sacrificio eucarístico en el Nuevo Reino de Granada en vísperas de la Independencia.

 

El sacrificio eucarístico y el sacrificio de toros y gallos, 2007

Héctor Llanos Vargas


La iglesia católica prohibió el sacrificio sagrado de animales a los dioses paganos pero conservó la práctica institucionalizada por los romanos de sacrificar algunos animales en los ritos festivos. En la tradición española ciertos animales fueron sometidos a crueldades: las corridas de toros junto al degollamiento o la corrida de gallos hicieron parte de las fiestas coloniales.

 

Como lo anota Gabriel Giraldo, al describir las festividades en Santafé de Bogotá:

 

Las fiestas de San Juan, San Pedro y San Eloy, revestían entonces especial solemnidad,  el pueblo, abandonando pasajeramente sus intenciones estrictamente cristianas, se entregaba a toda clase de entretenimientos y regocijos mundanos; muy frecuente era por aquellos días la costumbre de correr gallos en las plazas y calles de la ciudad. . . Las carreras de caballos también tenían un público muy numeroso y constituían uno de los mejores esparcimientos de la ciudad, al cual solo aventajaban las corridas de toros, fiesta de tan rancia estirpe española aclimatada con éxito en América. Eran las corridas espectáculos de extraordinario interés que terminaban no pocas veces  con uno o varios muertos y heridos (Giraldo, 1954).

 

En la tradición española, que fue enraizada en América, el gallo fue sacrificado en las fiestas populares por haber sido asociado a la lascivia y simbólicamente a la triple negación del apóstol Pedro. Ha sido costumbre el cruel degollamiento de este animal en la celebración de las fiestas de san Juan y san Pedro[2]. 



[1] Javier Ocampo López. Fiestas religiosas y romerías. El abigarrado mundo de las devociones populares en Colombia. Edición original: 2005-06-22;Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República



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