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Espantos mitológicos y representativos de Honda

 

Las sociedades tienen la necesidad de buscar alternativas para redescubrir las raíces culturales y volver a configurar su identidad social. Para esto han tratado de adaptarse a las nuevas formas en las que la información llega y cómo es transmitida la cultura. Durante este proceso se tienen en cuenta los conceptos de patrimonio intangible, ciudadanía cultural y memoria colectiva, en el que el punto de partida es volver a dar valor al patrimonio y  las culturas populares.

Espantos mitológicos y representativos de Honda Para que muchos de los relatos de Honda sigan permaneciendo vivos, las escuelas se han propuesto seguir transmitiendo estas historias de manera educativa a través de libros como "Mitos y leyendas de la villa de Honda".

La juventud no conoce muchas de estas historias, pues este tipo de relatos ya no cautivan la atención; muchos ni siquiera saben que existen El Mohán, La Patasola, La Madre de Agua, El Cura sin Cabeza u otros espantos temerosos. Pues ahora la juventud se ha vuelto temerosa a otras cosas, como a la guerra, a los ladrones o simplemente a no tener un aparato electrónico.

Algunos de los relatos de Honda nacieron a pesar de la incredulidad que el tipo de historias, de fantasmas y espantos producen al ser escuchadas. Muchas personas, a pesar de esto, dieron testimonio de lo que sintieron en el momento que tuvieron algún acercamiento con espantos que eran considerados simplemente míticos.

Para que muchos de estos relatos sigan permaneciendo vivos en la región, las escuelas se han propuesto seguir transmitiendo estas enseñanzas culturales y mitológicas a través de libros que aparte a los niños y adultos de la realidad y los lleve a esos imaginarios históricos y culturales.

Una de las historias más recordadas en Honda y en los municipios, que también son bañados por el río Magdalena, es la del Mohán, también llamado el Rey de las aguas del río Magdalena. Dicen los pobladores que este espanto tiene el aspecto de un hombre de cuerpo atlético, largo cabello y barba. Los pescadores del río le idolatran y respetan, las mujeres le huyen. Cuentan que los pescadores le rezan pidiendo ayuda para capturar peces, y éste les ayuda permitiéndoles capturar una gran cantidad; hay pescadores y gente del común que no creen en él, invadiendo sus terrenos, como lo es el río, y es a estos incrédulos que les vuelca la canoa, les enreda la atarraya, les hala los pies y en ocasiones dramáticas se los lleva. Las mujeres que van a la orilla del río a lavar tienen contacto con él, y si son bonitas, se las lleva. Hay otros que le llevan aguardiente y chicote y en esa noche tienen buena pesca.

Así mismo esta la historia de los duendes, seres traviesos y juguetones que cuando se quieren hacer notar confunden y esconden objetos. Estos seres son diminutos, aparecen en patios o en cualquier lugar de la casa, y dicen que solo pueden ser vistos por los niños. Cuando hay adultos muy cerca ellos se esconden para no dejarse ver; por eso muchos padres ven a sus hijos hablando “solos”, y al preguntarles con quién hablan, los niños responden que “con un amigo”.

Cuando los niños tienen contacto con un duende y por alguna razón deben abandonar el juego, el duende les esconde los zapatos, ropa, juguetes y a veces les hala el cabello para que continúen allí con ellos. Luego de tanto buscar y buscar en cada rincón de la casa, los padres encuentran los objetos por ahí regados, produciéndoles extrañeza, ya que habían buscado antes en ese sitio. Aunque algunos ponen sobre la muñeca de los niños algunas ‘shakiras’, azabaches o manillas rezadas, éstos hacen caso omiso, hasta el hecho de escondérselas también.

Según cuentan los ancianos de Honda, hace muchos años, por la Carrera Sexta, se oía cruzar un caballo y su jinete, dicen que aunque los vecinos estaban asustados, se levantaban para verlo entre las rendijas y ranuras de la puerta. Algunos comentaban que veían el caballo más negro que la noche, y que su jinete no se diferenciaba, pues su ropa también era totalmente negra. Los que le vieron dicen que siempre iba con un chicote chispeante. Los abuelos aseguran que ese hombre era el Diablo, otros creen que el jinete era un cura decapitado atravesando a media noche el Puente Navarro.

 

 



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